El techo de cristal de Caputo: por qué el plan económico no logra perforar el piso del 3% de inflación
A pesar del severo ajuste fiscal y la parálisis del consumo que el Ejecutivo Nacional exhibe como trofeos, la dinámica de precios en Argentina ha entrado en una fase de estancamiento que desmiente las promesas oficiales de una convergencia rápida hacia la estabilidad.
Informes de las principales consultoras del City porteño, como Inviú y LCG, advierten que el Índice de Precios al Consumidor se ha «empantanado» en un rango que oscila entre el 2,7% y el 3% mensual en lo que va de 2026. Esta resistencia a la baja revela que el programa de Luis Caputo carece de un ancla nominal sólida, dependiendo exclusivamente de una recesión profunda que, sin embargo, no logra desactivar una inercia inflacionaria cimentada en las expectativas negativas del mercado.
La falta de coordinación entre las variables monetarias, cambiarias y de ingresos aparece como el principal talón de Aquiles de la gestión libertaria. Según los analistas, la ausencia de un marco previsible obliga a los formadores de precios a cubrirse ante una posible devaluación, mientras el riesgo país se mantiene en niveles que impiden cualquier normalización financiera. A esto se suma una política de «sinceramiento» de precios relativos que, lejos de estabilizar la economía, introduce shocks constantes a través de las tarifas de servicios públicos. En este esquema, el Gobierno se encuentra atrapado en su propia lógica: para reducir el déficit debe aumentar tarifas, pero cada suba de servicios públicos actúa como un combustible que impide que la inflación baje de los niveles críticos actuales.
