La falacia del IPC bajo: las tarifas de servicios públicos pulverizan los ingresos antes de mitad de mes

Aunque el Palacio de Hacienda festeja una desaceleración en el índice general de precios, el tarifazo en luz, gas, agua y transporte neutraliza cualquier amago de recuperación salarial.
La aparente desaceleración del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que celebra el oficialismo choca de frente con la realidad financiera de los hogares argentinos. Mientras el Indec se apresta a publicar un indicador de junio que podría perforar la barrera del 2%, la sensación térmica en la calle es de un ahogo económico persistente. Esta contradicción se explica por la violenta disparidad entre la evolución de los bienes de consumo y el desbocado aumento de las tarifas de los servicios esenciales, que acumulan incrementos que triplican el promedio de la inflación general.
El descalce entre los números oficiales y el bolsillo se agrava al analizar la evolución histórica de las tarifas bajo la actual administración. De acuerdo con el último informe del Instituto de Intercambio de la UBA (IIEP), la canasta de servicios públicos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) escaló un abrumador 919% desde diciembre de 2023 hasta junio de 2026, contra un aumento general de precios del 236%. Este desfase de casi 700 puntos porcentuales expone el ensañamiento del programa de quita de subsidios, que ha priorizado el equilibrio fiscal del Estado a costa del empobrecimiento de la clase media y trabajadora.
La urgencia por abonar las facturas de luz, gas, agua y transporte —gastos de carácter obligatorio para evitar el corte del suministro o la parálisis laboral— deja a las familias con un margen de maniobra ínfimo. Según estimaciones del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), si se calcula el ingreso real disponible neto de servicios, el poder adquisitivo actual se ubica entre 15 y 18 puntos por debajo del promedio registrado en 2023. Este derrumbe es el dato que el equipo económico busca camuflar detrás de indicadores agregados que no reflejan la drástica redistribución regresiva del ingreso que atraviesa el país.
