Tragedia en San Cristóbal: el fracaso de la seguridad y el libre acceso a las armas se cobran la vida de un niño de 13 años
La violencia armada perforó los muros de la escuela pública en Santa Fe, dejando al descubierto la vulnerabilidad extrema de las instituciones educativas bajo el actual esquema de desatención estatal.
En las primeras horas de este lunes, la Escuela N°40 se convirtió en el escenario de una masacre que evoca los peores fantasmas de nuestra historia reciente. El secretario de Gobierno local, Ramiro Muñoz, fue el encargado de confirmar que un adolescente de apenas 15 años logró ingresar con una escopeta oculta en su mochila para abrir fuego contra sus pares durante el izamiento de la bandera. El resultado de este abandono en la prevención es la muerte de un alumno de primer año y otros dos heridos de gravedad, uno de los cuales lucha por su vida tras ser trasladado de urgencia con perdigones en el rostro.
Este horror no puede leerse de forma aislada a las políticas que flexibilizan el control de armamento y desmantelan los programas de contención social para jóvenes. Mientras el oficialismo pregona un discurso de mano dura y vigilancia por monitoreo, la realidad muestra que un estudiante considerado «ejemplar» por sus docentes pudo circular libremente con un arma de guerra hasta descargarla en un patio interno. La intervención heroica de un asistente escolar fue lo único que evitó que la cifra de víctimas emulara la tragedia de Carmen de Patagones. La conmoción en San Cristóbal es absoluta y las preguntas apuntan directamente a la responsabilidad del Estado en la proliferación de armas de fuego en manos de menores, un fenómeno que la gestión nacional parece ignorar en su agenda de ajuste.
